Solo quedan un par de intrascendentes horas de este año si las comparamos con los días que ya pasaron al olvido. Supongo que es inevitable pensar en todas aquellas cosas que ahora simplemente formaran parte del pasado… podría escribir un libro con todas ellas, llenarlo de recuerdos agridulces de cosas que me pasaron, podría incluir cada beso, cada abrazo o cada palabra que me hizo sonreír, pero tardaría una eternidad. Es imposible describir todo lo que sentí, todas las situaciones que pasé o, simplemente, todo lo que viví.
Reflexionando, me doy cuenta que este año no fue tan bueno como me gustaría, pero no importa, me quedaré con los buenos momentos; con montones de sonrisas, de deseos, de ilusiones, de besos, de caricias, de abrazos, de momentos de intimidad, de palabras que consiguieron sanar incluso la peor herida del corazón… son instantes mágicos que me hicieron cambiar, que me enseñaron a ser mejor persona.
Este año aprendí muchas cosas, conocí a mucha gente que de una manera u otra cambio mi forma de ver el mundo. No, no me arrepiento de nada, al contrario, me alegro por cada cicatriz que me dejaron algunos, será como un recordatorio, una lección que debo aprender. Estoy segura de que las cosas cambiaran, todo volverá a estar bien y el sol, después de todo este tiempo, saldrá de entre las nubes brillando como nunca antes.
Será como un nuevo comienzo, una nueva oportunidad, un nuevo sueño… pienso comenzar el camino con una sonrisa, dejar de lado todo lo malo y ser feliz. No dejaré que las heridas del corazón me arrebaten el derecho a vivir con ilusión. Conseguiré que sanen y solo se conviertan en meros trazos de momentos ya vividos. Dejaré de guardar mis lágrimas, pienso sonreír todo lo que pueda y más, porque me hice una promesa, una promesa que pienso cumplir pase lo que pase… porque me prometí volver a ser feliz…
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