Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Corazón abandonado


Siento como el aire se espesa, el corazón se acelera y mi respiración se hace más frecuente. Las heridas que parecían curtidas se abren de nuevo, dejando escapar a montones de recuerdos previamente enterrados bajo un mar de lágrimas.
Algo cambió, pensé que no dolería tanto, pero me equivoque como siempre. Las sensaciones ya vividas se dan a recodar y no puedo ignorarlas. Es más fuerte que todo, es más fuerte que yo. Poco o poco resurge el sentimiento perdido, ya no me importan ni mi corazón roto ni las lágrimas derramadas. ¿Y que si salgo perdiendo? ¿Qué más da? si lo único que me importa es su presencia…
El miedo invade cada mi célula, paraliza los músculos y me impide moverme pero, a pesar de todo eso, mi corazón ya lleno de heridas, me sigue pidiendo su presencia, porque sé que me falta él… porque me di cuenta de que tan solo le echo de menos cuando respiro.


No hay comentarios:

Publicar un comentario