Siento como el aire se espesa, el corazón se acelera y mi respiración se hace más frecuente. Las heridas que parecían curtidas se abren de nuevo, dejando escapar a montones de recuerdos previamente enterrados bajo un mar de lágrimas.
Algo cambió, pensé que no dolería tanto, pero me equivoque como siempre. Las sensaciones ya vividas se dan a recodar y no puedo ignorarlas. Es más fuerte que todo, es más fuerte que yo. Poco o poco resurge el sentimiento perdido, ya no me importan ni mi corazón roto ni las lágrimas derramadas. ¿Y que si salgo perdiendo? ¿Qué más da? si lo único que me importa es su presencia…
El miedo invade cada mi célula, paraliza los músculos y me impide moverme pero, a pesar de todo eso, mi corazón ya lleno de heridas, me sigue pidiendo su presencia, porque sé que me falta él… porque me di cuenta de que tan solo le echo de menos cuando respiro.
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