Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Lágrimas que me hablan de él


No logro entender por qué las cosas son como son, simplemente no encuentro sentido a nada que pasa a mí alrededor. Solo es que comprendí que no quería convertirme en un recuerdo. Puede que haga mal, de hecho, sé que es así; mi corazón me lo grita con un punzante dolor en el pecho que me hace estremecer, preguntarme si vale la pena ese sufrimiento como precio para mantenerle en mi vida.  A veces lo dudo, intento cambiar de opinión cuando los sollozos me impiden respirar bien, cuando todo mi mundo se reduce a una lagrima que habla de el, pero no…
Es una continua lucha, porque más tarde el mismo corazón me pide su presencia; se comprime haciéndome recordar todos los momentos buenos que ya no volverán, me hace respirar con su nombre y ahogarme con su ausencia…

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