No logro entender por qué las cosas son como son, simplemente no encuentro sentido a nada que pasa a mí alrededor. Solo es que comprendí que no quería convertirme en un recuerdo. Puede que haga mal, de hecho, sé que es así; mi corazón me lo grita con un punzante dolor en el pecho que me hace estremecer, preguntarme si vale la pena ese sufrimiento como precio para mantenerle en mi vida. A veces lo dudo, intento cambiar de opinión cuando los sollozos me impiden respirar bien, cuando todo mi mundo se reduce a una lagrima que habla de el, pero no…
Es una continua lucha, porque más tarde el mismo corazón me pide su presencia; se comprime haciéndome recordar todos los momentos buenos que ya no volverán, me hace respirar con su nombre y ahogarme con su ausencia…

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