Un pequeño detalle, una estupidez por su parte, una lágrima por la mía. Ya no hay ganas de seguir luchando. Nada tiene sentido, parece que todo ha acabado bien. Puede que de verdad sea así, ¿quién sabe? De momento solo siento los recuerdos bajo la piel, arañando el corazón hasta conseguir abrir las viejas heridas que ya perecían curtidas.
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Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.
Te lo comía tó!
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