Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Felicidad en estado puro


Sentir la melodía, comenzar a seguir el ritmo con el pie, sonreír sutilmente y ver como la canción se filtra a cada célula que comienza a vibrar al ritmo de la canción. El corazón empieza a latir siguiendo música, tu respiración se acelera mientras que tus ojos brillan con ilusión. Es algo difícilmente descriptible con palabras; es, simplemente...felicidad en estado puro.
Te mueves con la melodía sin parar de cantar…No, no es solo eso, es sentir como poco a poco te fundes con la canción, que formas parte de ella.
En algún momento ves que no puedes continuar, tus piernas tiemblan por estar siguiendo el irrefrenable ritmo de baile, tu respiración te falla, te falta oxígeno, pero no paras; exprimes hasta la última gota de energía acumulada, cantas hasta perder la voz, pero no importa, solo es un pequeño precio por ser una nota más de la canción.

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