Cuando miramos hacía atrás, cuando vivimos con los recuerdos, el tiempo parece detenerse. Todo a nuestro alrededor pierde referencia horaria, pero no nos advertimos de ello.
En algún momento nos decidimos volver a mirar hacía adelante, aún con miedo... de nuevo ponemos en marcha ese reloj interior y llenamos los minutos de ilusiones. Al principio cuesta, el aturdimiento lleva lo suyo y nos hace sentir extraños con esa visión tan olvidada del mundo. Todo parece ir a una velocidad frenética, nos perdemos entre un mar de emociones que nos aspiran el aire de los pulmones haciéndonos sonreír como antes. Todo gana intensidad, las cosas adquiren nuevas tonalidades, las palabras ahora están cargadas de sentimientos olvidados, pero no debemos extrañarnos, es normal, tan solo estamos recuperando el tiempo perdido.
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