Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

lunes, 6 de febrero de 2012

Aturdimiento horario

Cuando miramos hacía atrás, cuando vivimos con los recuerdos, el tiempo parece detenerse. Todo a nuestro alrededor pierde referencia horaria, pero no nos advertimos de ello.
En algún momento nos decidimos volver a mirar hacía adelante, aún con miedo... de nuevo ponemos en marcha ese reloj interior y llenamos los minutos de ilusiones. Al principio cuesta, el aturdimiento lleva lo suyo y nos hace sentir extraños con esa visión tan olvidada del mundo. Todo parece ir a una velocidad frenética, nos perdemos entre un mar de emociones que nos aspiran el aire de los pulmones haciéndonos sonreír como  antes. Todo gana intensidad, las cosas adquiren nuevas tonalidades, las palabras ahora están cargadas de sentimientos olvidados, pero no debemos extrañarnos, es normal, tan solo estamos recuperando el tiempo perdido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario