Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

lunes, 6 de febrero de 2012

Engaño al destino

Siento que me falta algo, algo que ya no volverá...Creo que hice lo correcto, pero el dolor me hace dudar. No puedo evitar pensar que no nos volverémos a ver, pero lo que más daño me provoca es admitir que ya lo sabía. Aquella vez al despedirnos... le miré a los ojos y algo me susurró que ese era el adiós definitivo, quizá por eso le miré más intensamente a los ojos, esperando encontrar una señal, algo que me dijera que me equivoco. No la hubo...pero seguí sin creérmelo, tal vez por eso recuerdo esa última mirada que nos separó. En aquel instante parecía cómo si el tiempo se hubiese detenido y solo estabamos nosotros, mirándonos de una manera tan extraña. Quien sabe, puede que para entonces ya supimos que no volveríamos a vernos y tan solo engañabamos al destino, cada uno a su modo...

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