Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

sábado, 4 de febrero de 2012

Perder lo que nunca tuviste

¿Se puede estar mal por una cosa que sabes que no es tuya? ¿Cómo es posible ponerte mal por perder algo que nunca tuviste? No logro entenderlo, de hecho, hace tiempo dejé de buscarle explicación, pero en algún momento esta pregunta vuelve a resurgir con nueva fuerza. ¿Por qué tiene que ser así?
Soy consciente de que no puedo pretender obtener lo que jamás podrá ser mío, pero no puedo evitarlo. 


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