Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

domingo, 17 de marzo de 2013

Cuando los miedos empiezan a hablar


Lo peor de un enfrentamiento es mostrar tu debilidad. Cuando las cosas se ponen tensas una sensación desagradable te recorre el cuerpo. Sientes que debes resistir a la enorme oleada que intenta quitarte el aliento, pero no siempre logras conseguirlo. Estando de pie, las piernas empiezan a temblar y el miedo sale de su escondite, algo de dentro te pide que huyas, que evites cualquier enfrentamiento, pero algo te lo impide. Los pasos están cortados, no tienes más remedio que enfrentarte al obstáculo. Sabes que tienes la fuerza suficiente para poder con él, pero con el tiempo hay algo que te hace perder la esperanza. La inseguridad se alimenta de tus pequeñas dudas mientras sientes como un nudo sube por la garganta y el insoportable ardor indica que estás a punto de rendirte.

No, no quieres eso. Has de seguir resistiendo. No puede ganarte, no después de todas las batallas que guardaste de pie. Cuando sientes que las lágrimas están a punto de perderse creando surcos por tus mejillas, retrocedes. En poco tiempo te das cuenta de que las cosas no pueden acabar así, entonces coges impulso y das un paso adelante hacia el obstáculo. Sabes que no puede contigo, no después de todo lo que viviste. Cuando todo termina, las lágrimas empiezan a correr por tu rostro, pero ya no importa. Lograste superar el reto. Ahora la calma ha vuelto y tú te has vuelto a demostrar que puedes aguantar lo que te propongan, tienes muy claro que las opiniones ajenas no te harán desfallecer. Las mejores cosas son las que sienten a flor de piel.

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