Lo peor de un enfrentamiento es
mostrar tu debilidad. Cuando las cosas se ponen tensas una sensación
desagradable te recorre el cuerpo. Sientes que debes resistir a la enorme
oleada que intenta quitarte el aliento, pero no siempre logras conseguirlo. Estando
de pie, las piernas empiezan a temblar y el miedo sale de su escondite, algo de
dentro te pide que huyas, que evites cualquier enfrentamiento, pero algo te lo
impide. Los pasos están cortados, no tienes más remedio que enfrentarte al
obstáculo. Sabes que tienes la fuerza suficiente para poder con él, pero con el
tiempo hay algo que te hace perder la esperanza. La inseguridad se alimenta de
tus pequeñas dudas mientras sientes como un nudo sube por la garganta y el
insoportable ardor indica que estás a punto de rendirte.
No, no quieres eso. Has de seguir
resistiendo. No puede ganarte, no después de todas las batallas que guardaste
de pie. Cuando sientes que las lágrimas están a punto de perderse creando
surcos por tus mejillas, retrocedes. En poco tiempo te das cuenta de que las
cosas no pueden acabar así, entonces coges impulso y das un paso adelante hacia
el obstáculo. Sabes que no puede contigo, no después de todo lo que viviste.
Cuando todo termina, las lágrimas empiezan a correr por tu rostro, pero ya no
importa. Lograste superar el reto. Ahora la calma ha vuelto y tú te has vuelto
a demostrar que puedes aguantar lo que te propongan, tienes muy claro que las
opiniones ajenas no te harán desfallecer. Las mejores cosas son las que sienten
a flor de piel.

No hay comentarios:
Publicar un comentario