Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

lunes, 18 de marzo de 2013

Cuando el reloj marca un "hasta luego"


La puerta se abrió y saliste de puntillas. No te volví a ver. Las horas dejaron de pasar mientras seguía frente a la ventana intentando descifrar la dirección de tus huellas. No estaba lista para verte marchar. Todavía esperaba poder volverte a besar.

Tan solo quiero ser otra más. No sobresalir de la multitud y sonreír cuando toca. Quiero ser algo que deseas y nunca llegas a conseguir. Quiero abrazar. Júzgame si quieres, pero nunca conseguirás que cambie lo que pienso de ti. Eres malo. Me hiciste perder los mejores años de mi vida que se marcharon con el humo de tus cigarrillos. A pesar de todo te echo de menos, demasiado diría ya que cada cicatriz que me dejaste sigue escupiendo recuerdos con el más mínimo roce, mientras tanto, yo sigo aquí alejada del mundo, a la deriva de unos sentimientos que nunca supiste entender.

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