De nuevo el mismo sueño. ¿Qué
puede hacer para evitar esto? Cada mañana el mismo pensamiento despierta sus
remordimientos. ¿Por qué hay tantas clases de amor? ¿Por qué no puede olvidarse
de aquella pequeña parte de su ser que quiere a otra persona?
Las sensaciones todavía consiguen
levantar las viejas barreras de sus cementos morales. En el fondo ella sabe que
aquello no está bien, pero no puede evitarlo. La tentación es más grande que
las consecuencias que trae o, al menos, eso parece. Todavía recuerda el tacto
de sus labios al recorrer su piel y algo la obliga a agonizar por dentro. La
impotencia se adueña de sus manos que se cierran en puños intentando golpear
algo invisible, algo que tan solo está dentro suyo.
Las ganas de revelarse son cada
vez menos cuestionables y tan solo una parcela de su mente pide que se resista.
¿Cómo ha podido todo torcerse tanto? Caminar entre dos filos del cuchillo se
hace cada vez más complicado. Sabe que tiene que tomar una decisión, pero algo
se lo impide. El placer de dividir sus sentimientos entre dos personas es
demasiado apetecible como para desprenderse de este.
El sabor de lo prohibido, la
tentación de aquello que está rechazado por su moral. La sensación es demasiado
extraña como para describirla con toda la exactitud de detalles. Amarle es como
intentar tocar el fuego sin quemarse. Sabe que es imposible conseguirlo, pero
el calor que desprende le hace quedarse cerca para volver a intentarlo.

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