Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

lunes, 2 de enero de 2012

¿Y por qué no?


Hay cosas difíciles de describir, algunas imposibles de contestar con una simple frase. No puedo entenderlo y por mucho que lo intente no le encuentro explicación. Es algo que apareció de la nada, por sorpresa y parece que consigue arrasar con todos mis sentimientos. Es extraño. Puede que me pregunten el porqué de esa ciega confianza, no sé, supongo que dejaría que una sonrisa curvara mis labios y diría: “¿y por qué no?”.

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