Y de nuevo aprendes a alegrarte por cada rayo de sol que incide sobre tu cara. Inspiras de nuevo la ilusión con la que se comienzan a llenar todas las células, aunque pasa algo más importante que eso. Tu corazón, que estaba enfriado por la gélida textura de los recuerdos; aquellos solidificados en forma de lágrimas que lo rodeaban impidiéndole seguir latiendo y causandole dolor que solamente cesaba durante breves períodos de sueño, vuelve a latir de forma precipitada. El veneno frío del pasado se va evaporando con cada abrazo, cada sonrisa, cada beso... es como si nos quitaramos un caparazón que ya no sirve de nada.
Aunque durante algunos instantes parece que el corazón se vuelve loco, late a un ritmo irrefrenable amenazando con salirse del pecho. Al principio nos asustamos, pero este susurrando nos tranquiliza: “Tan solo intentaba comprobar que seguía libre, tan solo quería ver que seguía latiendo.” Entonces una sonrisa te cubre los labios, y suspiras aliviado, admitiendo que de nuevo estás vivo.
lei varias de tus entradas y me encanta lo que escribis,te sigo.
ResponderEliminarbesos
me alegra que te guste ^^
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