Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

miércoles, 3 de julio de 2013

Revolución sentimental

Quiero decirte todo lo que pienso. Todo lo que alguna vez pasó por mis entrañas y no supe vocalizar. Sí, hay cosas malas también. Siento que en cualquier momento estallaré en miles de pedazos si no te lo cuento. Quiero gritarlo y reparar que lo comprendes. Estoy deseando notar miles de emociones en tu rostro mientras te voy contando cada una de las pequeñas cosas que me hicieron estremecer en el pasado. Supongo que nadie puede aguantar tantas emociones sin perderse por el camino. Ahora me toca a mí decir aquello que puede cambiar el rumbo de la cosas.
Puede que no lo sepas, pero quiero que te revoluciones contra mí. Que me grites con rabia pidiendo que me decida ya. Que no siga con esta tortura en la que no sabes si voy a dejarte o no. Necesito sentir esas emociones en ti para ver que hay algo que todavía espera que las cosas se arreglen.

Eleva la voz y ordéname de que me decida ya. Siempre supe que no podría llevar una vida tranquila. Hay algo en mí que pide emociones fuertes a gritos, que pide sentirme viva. Quizá me sienta así a causa de todas las cosas que he vivido. No pienso buscar razones en el pasado porque sé que muchas veces es mejor así. Ahora tan solo necesito que un nuevo sentimiento me recuerde por qué estoy dónde estoy, por qué me mantengo en pie, pero sobretodo por qué sigo respirando al inhalar tus besos.

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