Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

jueves, 4 de julio de 2013

Final nunca vivido

Quiero pensar que estoy haciendo las cosas bien, pero hay algo que me hace dudar de ello. Sé que busco problemas allá dónde voy y que siempre se me ocurre cubrir las cosas con silicona tapando los desperfectos que me puedan echar atrás. ¿Quieres decir que esta soy yo? Quizá lo sea, pero no quiero serlo, quiero ser como soy, diferente. ¿Por qué escribo esto? Quizá  necesite desahogarme.
¿Puedes pensar en un final feliz? Yo no, jamás he sido capaz de imaginar que las cosas acaben bien. No es imposible pensar que… dime que me equivoco, muéstrame un camino, una senda que debería seguir para llegar a mis puntos de referencia. Estoy perdida; demasiado para mi gusto y ¿quién tiene la culpa? Yo. Por supuesto. Quizá sea para bien aunque ahora lo dude mucho. ¿Por qué hago lo que hago? ¿Por qué no me preocupo por los demás? ¿Por qué soy como soy? ¿Por qué las cosas me salen así? ¿Por qué no puedo ser feliz? Supongo que es imposible ¿quién sabe? Quizá tenga razón y nunca llegue a ser feliz del todo.

Dime que me equivoco que las cosas pueden ir bien aunque el resto cambie. Supón que… quiero volver. 

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