Quiero pensar que él vendrá, pero
algo me lo impide. Las cosas me lo confirman. El sol ya no brilla como antes y
su nombre no resuena como un mero movimiento de hojas al caer. Me prometió
dejar de torturarse. Quiero sonreír al ver la luna llena…la única culpable de
su partida, la única que puede hacerle volver.
Páginas
Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

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