Se me hace raro sentirme así, bueno “sentirme”… cuando te dañan el corazón, este durante un tiempo deja de latir, necesita un tiempo de reparación durante el cual no puedes sonreír. Hay veces en los que el tiempo se alarga, sucede cuando el corazón está demasiado troceado, cortado, pateado y roto… entonces, pasan horas, días, semanas y sigues igual que antes. Nada cambia. Te administran un corazón artificial, pero tú nunca eres capaz de acostumbrarte a él. Es demasiado diferente a ti, a lo que sientes. Por ello decides esperar que te arreglen el tuyo mientras vives en el dolor que, a medida que pasa el tiempo, empieza a formar parte de ti.
La espera se hace larga y te preocupas por lo que pasará. En algún momento dejas de esperar, no te hace falta seguir haciéndolo; eso sucede cuando pasa demasiado tiempo, cuando nos acostumbramos al dolor y aceptamos su presencia. Por muy raro que parezca, aprendemos a vivir sin corazón. Ya nada importa, poco a poco olvidamos como reír, ilusionarse o soñar con aquello que queremos. No queda nada salvo el dolor acumulado en el pecho, justo en el lugar donde antes estuvo el corazón. Las cosas dejan de tener importancia, seguimos nuestro camino, el tiempo pasa, aunque el dolor ya nunca desaparece.
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Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.
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