Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

miércoles, 4 de enero de 2012

Al precipicio del olvido


Sentir como un corriente de recuerdos consigue desbordarte, ver que las cosas ya no son lo que eran y tener que admitir que ya nada volverá a ser como antes… experimentar un vacío en el pecho y saber que ya no se llenará con su amor, sentir exprimirse tu corazón tratando de liberarse de angustiosos momentos a modo de lágrimas que, cargadas de sentimientos caducados, bajaran por las mejillas hasta resbalarse, hasta caer por el precipicio del olvido. 

Es imposible describirlo todo con un par de simples palabras, es algo más que eso; es algo que te hace gritar en silencio mientras sientes que algo te desgarra por dentro, es llorar y saber que nada en este mundo te podrá aliviar, es sonreír mientras intentas esconder el rastro de lágrimas que hace unos segundos corrían por tus mejillas, es fingir ilusión, es pasarse las noches en vela mientras terminas de contar las estrellas, simplemente...duele.

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