Se acostaba con la cabeza llena de pensamientos sin pronunciar, con el dolor de la pérdida y la desesperación; entonces, sentía como las lágrimas le iban llenando los ojos hasta que alguna que otra gota conseguía deslizarse por sus mejillas, recordándole que seguía despierta, que el sufrimiento permanecía allí, bajo la piel.
Y ella tan solo pedía una cosa, no quería nada más salvo dejar de sentirse así. Permanecía con el temor de que aún le esperaban muchas noches así y eso poco a poco le consumía por dentro, en esos momentos sentía como una lágrima conseguía juntarle las pestañas, cerrándole los ojos, solo de ese modo conseguía conciliar el sueño.
Así, cuando estaba a punto de dormirse se imaginaba un mundo nuevo, donde todo cambiaba y donde ella por fin podía ser feliz. Un día sucedió, por la noche como siempre dejo que las lágrimas le ayudaran a conciliar el sueño... y lo vio. Fue un lugar mágico donde el dolor dejo de existir, donde los recuerdos ya no herían y los miedos quedaban apartados tras una barrera de ilusión y esperanza. Las lágrimas allí no existían, simplemente, parecían ser un mero invento de algún cuento terrorífico y lleno de ficción. Todo allí era tan vivo, tan distinto…que ella nunca despertó.
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