Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

martes, 10 de enero de 2012

Lejos de un cuento terrorífico y lleno de ficción


Se acostaba con la cabeza llena de pensamientos sin pronunciar, con el dolor de la pérdida y la desesperación; entonces, sentía como las lágrimas le iban llenando los ojos hasta que alguna que otra gota conseguía deslizarse por sus mejillas, recordándole que seguía despierta, que el sufrimiento permanecía allí, bajo la piel.
Y ella tan solo pedía una cosa, no quería nada más salvo dejar de sentirse así. Permanecía con el temor de que aún le esperaban muchas noches así y eso poco a poco le consumía por dentro, en esos momentos sentía como una lágrima conseguía juntarle las pestañas, cerrándole los ojos, solo de ese modo conseguía conciliar el sueño.

Así, cuando estaba a punto de dormirse se imaginaba un mundo nuevo, donde todo cambiaba y donde ella por fin podía ser feliz. Un día sucedió, por la noche como siempre dejo que las lágrimas le ayudaran a conciliar el sueño... y lo vio. Fue un lugar mágico donde el dolor dejo de existir, donde los recuerdos ya no herían y los miedos quedaban apartados tras una barrera de ilusión y esperanza. Las lágrimas allí no existían, simplemente, parecían ser un mero invento de algún cuento terrorífico y lleno de ficción. Todo allí era tan vivo, tan distinto…que ella nunca despertó.

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