Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

domingo, 29 de enero de 2012

¿Y de regalo? mi felicidad...cuídala bien

¿Sabes lo que es escuchar algo que te desgarra por dentro mientras finges que no te importa? ¿Experimentaste esa sensación de mirarle a los ojos a alguien y hacer como si no te doliera? Puede que si, aunque comprendí que es mucho peor tener que decir algunas cosas, admitir verdades que te rompen el corazón... Me pregunto cuál es el precio de poner la felicidad de alguien por delante de la tuya. En un primer momento es lo que quieres, hacer feliz al otro aunque sea a costa de tu alegria, pero ¿qué pasa si te das cuenta que su felicidad te proporciona cada día más daño?

Porque comprendí que duele mirar a los ojos y decir que no importa, duele sonreir y decir que será lo mejor, duele admitir que esa decisión te hará sufrir.

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