Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

domingo, 8 de julio de 2012

Caricia inventada


El vacío del pecho se hace más notorio. Te falta algo. Algo capaz de hacerte feliz con una sola presencia suya.
Comienzas a pensar en cómo sería tenerle aquí ahora. Te imaginas cada beso, sientes cada caricia inventada esperando cubrir el vacío que dejo. Pero nada funciona. Hay veces en los que intentas controlar el sentimiento que te provoca su falta, pero otras veces esa sensación te controla a ti. Y entonces respiras de forma superficial, pudiendo sentir como el aire frena su marcha al pasar por el hueco que abre la ausencia, sientes cada borde irregular de donde antes estaba su presencia en tu corazón y en ese momento lo admites. Te falta él.


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