Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

lunes, 9 de julio de 2012

Valor temporal


Nunca me imaginé que podría llegar a valorar tanto un par de minutos. Pero, cómo siempre dicen, no aprecias algo hasta que lo pierdes. Bueno, quizá sea para bien… Sólo de esta forma puedo ver lo mucho que me importa esa llamada, puedo experimentar con más fuerza las ganas que tengo de escuchar su voz.

Por primera vez siento la extraña sensación que me haría silenciar al mundo si eso bastase para oír aquella voz que me hace estremecer. 

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