Alguna vez leí que el hombre de
tus sueños nunca será cómo te lo imaginas. Recuerdo cómo reí de aquella
afirmación al decidir que no era nada más ni menos que otra tontería de alguna
persona desilusionada. Hoy lo volví a recordar y me arrepentí de haber puesto
en duda esa enunciación. Estaba pensando en mis cosas y, de pronto, lo
comprendí. Nunca nadie podrá ser tal y como nos lo imaginamos. Todo es
demasiado complejo, nuestra mente deja escapar un requisito imprescindible para
hacernos felices. A ese sueño le falta una cosa existencial y es que ese hombre
tan solo existe en nuestro pensamiento. Nunca podremos encontrar a alguien
acorde con nuestra descripción, en nuestra opinión, perfecta.
Entonces reflexioné sobre la
importancia de aquella frase, sobre cómo la gente se dejaba llevar por
fantasías creadas por una imaginación vivaz, dejando de lado la realidad. Vi
que nunca encontraría a alguien que cumpla los estúpidos requisitos que nos son
marcados por la sociedad y, a lo largo del tiempo, incluso por nosotros mismos.
Cuanto más pensaba en aquello que leí hace tiempo, más claro lo tenía. No
quiero al concepto de un hombre, supuestamente, perfecto que creé en mi cabeza.
Quiero al hombre que está a mi lado ahora. He comprendido que no cambiaría por
nada al hombre que amo, ni siquiera por la viva imagen de mi fantasía más perfecta,
he comprendido que he conocido al hombre ideal y este, en cambio de un sueño
creado, sí existe.
No hay comentarios:
Publicar un comentario