Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

lunes, 16 de julio de 2012

Ajuste emocional


Y así de golpe asimilas lo que hace poco pasabas por alto. Te remontas al pasado con el fin de confirmar tu suposición y te sorprendes de su certeza. Y es que hay algo más que cambió desde que cesó el dolor. Algo significante que no te atrevías a admitir… se te devolvió la fe en la justicia.
Cuando crees que nada en esta vida será equitativo, cuando ves que las lágrimas que derramas no serán medidas entonces comienzas a perder esperanza en la vida. Evitas pensar en que podría cambiar algo sabiendo que no es así, pero de repente llega alguien que te hace cambiar de opinión, que te hace creer en la existencia de una justicia temporal. Parece poco, pero cuando pierdes la esperanza en un futuro mejor, la aparición de un hecho capaz de igualar tanto sufrimiento y felicidad repartida de forma injusta te hace respirar con más libertad.


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