No somos perfectos. No podemos
estar seguros de nuestras acciones. No podemos evitar fallar. No somos
completamente felices. No sentimos el dolor ajeno. No aprovechamos todas las
oportunidades. No gritamos cuando las cosas salen mal. No dejamos atrás el
pasado. No comenzamos de nuevo olvidando lo anterior. No saltamos de alegría
con cada éxito.
Hay demasiadas cosas que hay
montones de cosas que NO hacemos, sentimos, celebramos, lloramos, sufrimos,
apreciamos… Pero no somos robots.
Somos humanos. Lloramos cuando
nos decepcionan. Sonreímos cuando alguien nos sonríe. Saltamos de alegría
cuando logramos nuestro sueño. Tenemos pesadillas por la que abrazamos mejor a
nuestros seres queridos. Y somos los que mejor aprovechamos las segundas
oportunidades. Disfrutamos de los pequeños detalles del día a día y comenzamos
a escuchar los problemas de los demás con el deseo de ayudarles.
Poco a poco aprendemos que en
cada fallo hay una nueva oportunidad de volver a comenzar, que el tiempo es
muchas veces el mejor doctor y que la felicidad consiste en el camino y no en
la meta final. Somos imperfectos y eso es lo que nos hace especiales humanos.
No sé vosotros, pero yo estoy
orgullosa de ser una simple humana.

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