Mañanas en las que todas las
decisiones que tomaste parecen erróneas. Una insoportable sensación despierta
dentro de ti y no hay forma de esquivarla. La incomodidad te tortura con sus
pensamientos y te replanteas el día de ayer. Lo irónico es que hace un par de
horas, todas las decisiones parecían resolverse. La tranquilidad de aquel
entonces te hizo respirar más libremente. Después de un tiempo parecía que las
cosas se iban solucionando, pero de repente te levantas y te das cuenta de que
nada ha mejorado, echas la vista atrás para criticar lo que hiciste antes y eso
tan solo sirve para aumentar la inseguridad que se adueña de tu cuerpo
impidiéndote, de cualquier forma, pensar razonadamente.
Páginas
Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.
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