Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

domingo, 26 de agosto de 2012

Sensación fantasmal


Ya me acostumbré a pensar en ti antes de dormir, a imaginarme tus abrazos cuando no estás. Se me hace raro lo mucho que se puede echar de menos a una persona, pero supongo que es una parte inevitable de estar enamorado. Cuando la incomodidad del vacío de mi pecho se hace más notoria suelo dar un repaso a todos los recuerdos que compartí contigo, es una tontería, pero me ayuda a darme cuenta de que todo es de verdad, que las cosas no se estropean o que, cuando vuelvas, todo seguirá como siempre. Tengo miedo a demasiadas cosas, pero comparado con perderte aquellos temores parecen insignificantes. No puedo explicarte cómo me siento y en parte aquello me tortura, me gustaría decirte lo que me haces vivir, en cambio, cuando intento hablar mi corazón se niega a latir igual que siempre. Supongo que debería dejar de intentarlo o no, quién sabe, quizá el secreto esté en intentar explicar cómo me siento cada día, de esa forma me aseguraré de que al día siguiente tendré que volver a intentarlo y por ello vale la pena seguir adelante, seguir a tu lado y, por muy estúpido que parezca, seguir viva.

Mi corazón late desbocado cada vez que un pensamiento sobre ti cruza mi mente. Todavía no lo comprendo, pero me gusta experimentar aquella sensación. Supongo que eso me recuerda que te quiero. 

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