Ya me acostumbré a pensar en ti
antes de dormir, a imaginarme tus abrazos cuando no estás. Se me hace raro lo
mucho que se puede echar de menos a una persona, pero supongo que es una parte
inevitable de estar enamorado. Cuando la incomodidad del vacío de mi pecho se
hace más notoria suelo dar un repaso a todos los recuerdos que compartí
contigo, es una tontería, pero me ayuda a darme cuenta de que todo es de
verdad, que las cosas no se estropean o que, cuando vuelvas, todo seguirá como
siempre. Tengo miedo a demasiadas cosas, pero comparado con perderte aquellos
temores parecen insignificantes. No puedo explicarte cómo me siento y en parte
aquello me tortura, me gustaría decirte lo que me haces vivir, en cambio,
cuando intento hablar mi corazón se niega a latir igual que siempre. Supongo
que debería dejar de intentarlo o no, quién sabe, quizá el secreto esté en
intentar explicar cómo me siento cada día, de esa forma me aseguraré de que al
día siguiente tendré que volver a intentarlo y por ello vale la pena seguir
adelante, seguir a tu lado y, por muy estúpido que parezca, seguir viva.
Mi corazón late desbocado cada
vez que un pensamiento sobre ti cruza mi mente. Todavía no lo comprendo, pero
me gusta experimentar aquella sensación. Supongo que eso me recuerda que te
quiero.
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