Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

martes, 14 de agosto de 2012

Esta soy yo


Puedo recogerme el pelo y soltármelo en medio de la calle. Puedo llevar medio día pensando qué ponerme y cuando sea la hora de salir, decidir cambiarme. Puedo pintarme los labios y al salir a la calle intentar quitarme el pintalabios pensando que me he pasado. Puedo hacerme una taza de leche con chocolate y nunca ser capaz de acabármelo. Puedo pintarme las uñas y luego decidir que no las quiero de ese color. Puedo salir a dar una vuelta sola para poder estar asolas con mis pensamientos y no dejar de escuchar música que me impida pensar. Puedo sonreír a la gente que veo por la calle y luego indignarme al ver que no me sonríen de vuelta. Puedo ponerme a cocinar y luego negarme a probarlo. Puedo querer levantarme pronto por la mañana y nunca conseguirlo.  Puedo estar enfadada conmigo misma demasiadas veces. Puedo sentirme realmente mal por pisar accidentalmente a mi gato aunque este siempre me ataque. Puedo pasarme el día en las nubes y luego sentirme culpable por no haber hecho nada en absoluto. Puedo levantarme el medio de la noche e intentar memorizar lo que soñé. Puedo despertarme en medio de la noche y mirar por la ventana al escuchar el sonido de la lluvia. Puedo alisarme el pelo y luego intentar que parezca ondulando. Puedo olvidarme del tiempo y llegar tarde a casa. Puedo hacer fotos estúpidas a cosas innecesarias. Puedo guardar recuerdos que empiezan a ocupar demasiado espacio. Puedo dormir abrazada a una almohada sabiendo que de otra forma estaría incómoda. Puedo pronunciar el nombre de la persona que echo de menos sabiendo que no lo escuchará. Puedo agobiarme con un par de pensamientos bien escogidos. Puedo emocionarme por tonterías y dejar pasar las cosas importantes. Puedo tropezar por la calle y reír de mi misma. Puedo esperar a alguien durante un tiempo limitado. Puedo hacerme daño con mi pasado. Puedo esconder montones de lágrimas que nunca nadie verá. Puedo dar saltos de alegría por la calle cuando estoy feliz. Puedo insultarme cuando hago las cosas mal sabiendo que si se tratara de los demás nunca lo haría. Puedo ponerme una máscara de sonrisa permanente que esconda mi tristeza. Puedo tener ataques de locura y hacer las cosas sin pensar. Puedo llorar con el más mínimo roce con las viejas cicatrices. Puedo querer a gente toda mi vida. Puedo recordar lo que sentí hace tiempo e intentar mejorarlo por todos los medios posibles. Puedo comenzar algo, dejarlo por la mitad y luego reprochármelo siempre que tenga una oportunidad para ello. Puedo escuchar diferentes tipos de música aún sin saber cuál es mi favorito. Puedo mirar cómo crecen las flores.

Hay demasiadas cosas que forman parte de nosotros y la verdad es que esos pequeños detalles son los que realmente definen quiénes somos.

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