Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

lunes, 6 de agosto de 2012

Preocupación argumentada


Hay temores que siempre nos perseguirán, miedos de los que nunca nos libraremos y tan solo tenemos la opción de aprender a convivir con ellos. A veces nos preguntamos ¿qué debo hacer? ¿Cómo sigo adelante? Y nada está claro salvo una cosa, la felicidad viene ligada a esa sensación de pérdida continua. Jamás lograremos huir de aquella sensación y otra pregunta retumba en tu cabeza ¿de verdad vale la pena sentirte así? Y al instante sabes la respuesta, no dudas ni un segundo sabiendo que esto es lo que quieres de verdad, que no te imaginas de otra forma, que solo así puedes estar completamente feliz.



Las cosas siempre cambiarán alrededor, de hecho, nosotros también cambiamos con ellas, la clave está en aceptar aquel movimiento imprevisible que trastorna el orden de las cosas y seguir adelante. El miedo nunca desaparecerá, pero podemos avanzar si pensamos que cada cosa tiene su razón y que hay piezas que no pueden estar juntas. Hay que dejar de lado el temor al cambio repentino y sabes disfrutar del instante, sabiendo que nunca se volverá a repetir.

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