Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

domingo, 26 de agosto de 2012

Detonante temporal


Creemos que ser fuertes implica no pasar por el dolor, que si aguantas de pie las patadas que te de la vida el sufrimiento es menor. Bueno, quizá en muchas ocasiones sea así pero, al igual que siempre, nos olvidamos de la parte negativa de dar la cara sin inmutarnos.

Supongo que es una sensación que se nota con el tiempo, cuando sientes que hay algo que te molesta, algo que no sabrías identificar con total certeza. Hay veces en las que parece que las cosas nos desbordan y, entonces, reaccionamos. La gente suele decir que aquello suele pasar por haber sido fuertes demasiado tiempo y la verdad es que estoy de acuerdo.
No podemos aguantar todo lo que nos echen sin hacer nada, necesitamos actuar, expresar nuestras emociones de cualquier modo para no terminar ahogándonos en ellas. Hace falta un detonante para que toda la carga emocional explote y por más tiempo que pase la llama capaz de incendiar nuestra reacción irracional se hace más fácil de conseguir.

Parecerá raro, pero aquel detonante nos hace un favor, nos permite vaciar el tanque de emociones escondidas y volver a empezar. El problema es que, muchas veces, aguantamos demasiado tiempo el dolor, entonces la reacción puede ser perjudicial para aquellos que nos rodean. La explosión de todo lo que llevas dentro de tu corazón parece abrumar a los demás, quienes nunca experimentaron esa sensación no lograrán comprenderlo, etiquetándonos de locos. Solo unos pocos, aquellos que saben los que se siente al callar sentimientos, gritos, lágrimas e, incluso, sonrisas, dirán: “Por fin se ha derrumbado”…


Y es que no se puede ser fuerte todo el tiempo, nunca podremos aguantar el dolor sin reaccionar, todo tiene su consecuencia. Supongo que habríamos de aprender a expresar aquello que sentimos más adentro, aquello que revuelve nuestro corazón recordándonos que no siempre las cosas nos irán bien. Hay que tener claro que con el tiempo, el cielo se aclara y el sol vuelve a salir, solo hay que dejar de quemar viejos sentimientos enterrados que nos impiden respirar con tranquilidad.
Supongo que es eso lo que me pasa, estoy buscando un detonante para dejar escapar todo lo que llevo tiempo guardando y la verdad es que me parece demasiado. Demasiados recuerdos, demasiadas sonrisas, demasiadas lágrimas, demasiado dolor enmascarado… supongo que he sido demasiado fuerte demasiado tiempo. Lo peor de todo es darte cuenta de que estás llegando a tu límite, de que las cosas empiezan a sobrepasarte y no encuentras manera de librarte de aquello que te preocupa. Lo malo es que sabes que en algún momento inoportuno, explotarás y dejarás entrever todo aquello que llevas tiempo escondiendo, puede que simplemente dejes de esconderte tras máscaras y por fin muestres lo que sientes en cada instante, puede que un día por la calle te eches de rodillas y te pongas a llorar dejando que la gente te etiquete de loca, pero ya no te importará porque comenzarás a recobrar tu fuerza esperando que, está vez, no explotes de nuevo.

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