Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

domingo, 26 de agosto de 2012

Ser sobre el papel


Los dedos tamborilean por las teclas, tus sentidos se concentran en la pantalla mientras que tratas de ordenar todo lo que piensas para plasmarlo sobre el papel. Escribes todo que se te pasa por la cabeza sobre ese tema, te olvidas del mundo que tienes alrededor, tan solo estás tú y aquello que sientes. El corazón acelera su ritmo cuando nota que estás expresando las mayores verdades sobre un trozo de papel y hay algo que te hace sonreír. Nunca sabes lo que te hace sentir tan bien, pero no te importa. Sabes que está sensación es cuanto necesitas para sentirte un poco mejor. Quien iba a decir que esto iba a convertirse en una especie de droga que te permite filtrar el aire que respiras, que te ayuda a aclarar los que piensas y preguntarte cosas que nunca atreverías a decirte en tu mente. Sobre el papel las cosas están un poco más claras, puedes fiarte de aquello que dices.

Lo cierto es que es una sensación increíble salvo por una cosa, al acabar algo dentro de ti cambia. Ya no te sientes igual y eso parece confuso. Sabes a qué se debe y que sin esta sensación escribir no sería igual. No te gusta definirla porque su mención provoca más incomodidad, pero has de acostumbrarte a ello. Es el vacío. El vacío que sientes cuando dejas parte de ti en el papel, plasmada en las palabras que salen de tus dedos casi sin pensar, palabras que nunca pasan por la boca, palabras que la mente muchas veces se niega a admitir. Aquella sensación de pérdida es temporal, con el tiempo admites que tan solo te paraste a copiar aquello que pensabas, ya que la verdadera esencia de los que eres está dentro de ti.

Damos otra vida a nuestros pensamientos, los copiamos en un papel sabiendo que son partes de lo que somos, de nuestras vidas, son nuestras sonrisas perdidas y lágrimas que olvidamos hace muchos. Nunca deberíamos olvidar que escribiendo los pensamientos cobran una nueva vida reflejando lo que somos en la realidad. Aquella sensación es maravillosa. Cuando releemos lo que escribimos hace tiempo algo dentro de nosotros parece transformarnos, nos recuerda que así es como fuimos, pero lo mejor es que nos sonríe sabiendo que ahora somos mucho mejores.
Al poner un punto final, la sangre aun corre con rapidez y un ligero dolor nos cruza las puntas de los dedos, es entonces cuando comprendemos que acabamos de hacer algo increíble, que logramos dejar una copia de lo que somos sobre el papel y entonces, un poco mareados, sonreímos al pensar que eso es lo que buscamos, que por ello vale la pena escribir.

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