El tiempo pasa. Hace un par de
días que os veis, pero ya empiezas a pensar en él. Los recuerdos que parecen
esperar a la mejor ocasión para sorprenderte vuelven a salir. Sientes cosas que
dejaste olvidadas en un pasado cercano y vuelves atrás en el tiempo. Te
sumerges de nuevo reviviendo aquellos instantes en los que le sentías a tu
lado. Lo echas de menos. El deseo de verle se convierte en una necesidad con
cada pasar de las manecillas del reloj. La impaciencia se hace cargo de la
situación y luchas para poder aguantar un poco más. Nunca funciona, los
recuerdos que sacas a luz no satisfacen tus ansias por verle. Sientes hundirte
en un mundo donde el pasado manda sobre tu cuerpo.
Poco a poco sales a la
superficie. La impaciencia persiste, pero hay algo nuevo que te hace olvidarte
del pasado. El reloj reanuda su marcha aunque las manecillas pasen despacio
ahora que sabes que pronto podrás verle. El ritmo de tu corazón delata tu ansia
por besarle, pero no te importa. Ahora ya nada importa.
Tiempo después su aroma sigue
impregnado en tu piel. Nuevos recuerdos han sido mezclados con los demás y una
sonrisa aparece dibujada en tu rostro. Las cosas van bien ahora, aunque sea por
un tiempo. Sabes que dentro de nada te hará falta otra dosis de él.
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