Y poco a poco empiezo a dibujar
una fantasía en mi mente donde tú y yo somos los protagonistas. Aunque tú no lo
sepas te imagino en mi cama por la noche. He comprendido que son tus besos los
que quiero recibir por la mañana, que es a ti a quien espero encontrarme al
llegar a casa y ya no me importará ni el lugar ni las circunstancias, tan solo
espero poder llamar al timbre porque se me hayan olvidado las llaves y que me
abras tú saludándome con un rápido beso para poder volver a la cocina donde se
acaba de preparar la cena. Yo me quitaría el abrigo y los zapatos, me pondría
unas cómodas zapatillas de ir por casa y comenzaría a poner la mesa. Encendería
las velas y pondría música de fondo. Tú traerías los platos y nos podríamos a
cenar hablando de cómo nos fue el día y de los planes para el fin de semana.
Después nos levantaríamos de la mesa para llevar los platos a la cocina, pero
no llegaríamos allí. Nos besaríamos, primero de una forma fugaz e inocente,
pero los besos cobrarían una forma más apasionada y nos olvidaríamos de las
mesa, de los montones de platos que había que fregar y nos uniríamos en otro
beso, un beso que parezca dudar indefinidamente, un beso que encierre toda
nuestra historia, un beso que nos haga olvidar de la realidad y nos transporte
a aquel pequeño mundo que es solo nuestro, aquel mundo que tan solo nos
pertenece, aquel mundo donde podemos ser felices sin más, aquel mundo que
descubrimos al conocernos…Páginas
Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.
domingo, 9 de septiembre de 2012
Pequeña fantasía apartada del mundo real
Y poco a poco empiezo a dibujar
una fantasía en mi mente donde tú y yo somos los protagonistas. Aunque tú no lo
sepas te imagino en mi cama por la noche. He comprendido que son tus besos los
que quiero recibir por la mañana, que es a ti a quien espero encontrarme al
llegar a casa y ya no me importará ni el lugar ni las circunstancias, tan solo
espero poder llamar al timbre porque se me hayan olvidado las llaves y que me
abras tú saludándome con un rápido beso para poder volver a la cocina donde se
acaba de preparar la cena. Yo me quitaría el abrigo y los zapatos, me pondría
unas cómodas zapatillas de ir por casa y comenzaría a poner la mesa. Encendería
las velas y pondría música de fondo. Tú traerías los platos y nos podríamos a
cenar hablando de cómo nos fue el día y de los planes para el fin de semana.
Después nos levantaríamos de la mesa para llevar los platos a la cocina, pero
no llegaríamos allí. Nos besaríamos, primero de una forma fugaz e inocente,
pero los besos cobrarían una forma más apasionada y nos olvidaríamos de las
mesa, de los montones de platos que había que fregar y nos uniríamos en otro
beso, un beso que parezca dudar indefinidamente, un beso que encierre toda
nuestra historia, un beso que nos haga olvidar de la realidad y nos transporte
a aquel pequeño mundo que es solo nuestro, aquel mundo que tan solo nos
pertenece, aquel mundo donde podemos ser felices sin más, aquel mundo que
descubrimos al conocernos…
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