Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

sábado, 22 de septiembre de 2012

El precio de un respiro


Te das cuenta de que no soportas estar así, de que esa sensación está acabando con los restos del aire que te quedan. Empiezas a ahogarte con la soledad mientras buscas un trago de aire puro. Algo te oprime el pecho recordándote que nada de lo que hagas funcionará. Lo más molesto está en tener que quedarse con esa sensación a solas. Puede que no sea el aire lo que tanta falta que hace, es algo más complicado. Aunque no se vea a simple vista puedes sentir el enorme agujero que se acaba de formar en tu pecho. Quizá sea eso… que por mucho aire que inspires, este acabará saliendo de los pulmones mientras que tú estés doblándote por falta de fuerza.
Empiezas a odiar esta sensación. Cuando pensabas que habías dejado el dolor atrás, aparece uno nuevo, más intenso que el anterior. No soportas tener que coger cada vez más y más aire esperando llenar el vacío que se formó. Nunca funciona, pero sigues intentándolo. Te preguntas si vale la pena seguir así teniendo que soportar esa sensación.

En algún momento obtienes tu respuesta y te convences de la certeza de tus decisiones. De repente, llega algo que tapa el agujero por el que se escapaba todo el aire que inspirabas. Los pulmones se llenan de aire puro y sabes que por ello vale la pena pasarlo mal, que sólo de esta forma puedes apreciar lo que significa todo esto para ti. Y, entonces, ya te da igual tener que ahogarte con la soledad si al final te prometen un respiro de aire puro, de ese que suele revivirte de nuevo.

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