Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Adicción favorita


Hay un instante en el que todo cambia. En una cuestión de segundos comprendes que las cosas ya nunca serán lo que fueron. Y ya no te preguntas por qué es así o por qué ahora, simplemente te dejas arrastrar por esa sensación que te dicta el corazón. Es ese momento cuando comprendes que no puedes estar mucho tiempo separada de él, pero no… hay algo más… sientes que lo necesitas en tu vida. Te empieza a dar igual el tiempo que lleváis sin veros, precisas volver a sentir el roce de sus labios con tu piel en este instante. Quieres volver a recibir una dosis de sus palabras que siempre te sacan una sonrisa. El pulso se acelera y admites que algo ha cambiado, que ahora esa adicción a él es indispensable para ti.

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