Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

sábado, 6 de octubre de 2012

Descripción vivida


Sentir el contacto de su piel con la tuya, deslizar tus dedos por su mano y terminar uniéndolos con los suyos. Mirarle a los ojos y, poco a poco, empezar a perderte en su mirada. Hundirte en sus pupilas esperando desaparecer. Salir a la superficie y pasear entre sus mejillas bajando hacía sus labios. Repasar el borde de su boca con el filo de tu mirada y sentir como el corazón hace la cuenta atrás. Inspirar aire tratando de memorizar cada detalle de aquel instante sabiendo que nunca lo conseguirás. Acercarte poco a poco y sentir como se acelera su respiración. Cerrar los ojos. Poner tus labios sobre los suyos y sentir como se funden. Perderte entre las sensaciones con el deseo de parar el tiempo. Dejar de pensar y sentir el paso de sus manos por tu espalda tratando de acercarte todavía más. Olvidarte del mundo por completo, dejar tu presente atrás, trasladarte a una nueva dimensión donde reinan los sentidos. Enredar tus brazos alrededor de su cuello manteniendo los ojos cerrados. Sentir el suave movimiento de su mano paseando por tu pelo, bajando y llegando a tu cuello, acariciando tus mejillas. Comenzar a perderte por completo, dejar de pensar en el tiempo sabiendo que, aunque no sea verdad, en este momento las manecillas han dejado de moverse. Poco a poco separarte de él y coger el aire mientras que una sonrisa se va dibujando en tu rostro. Sentir como el corazón todavía late desbocado intentando recuperar el tiempo. Volver a mirarle a los ojos y sentir como tus pies se elevan unos milímetros del suelo, levitar sobre la ilusión bañándose en su mirada. Sentir como sus brazos te acercan a él y te abrazan de forma suave. De nuevo, experimentar la indudable sensación de seguridad que recorre tu cuerpo. Sentirte pequeña, pero segura entre sus brazos. Cerrar los ojos y dejarte invadir por aquella sensación de paz que transforma cualquier preocupación en una nube que se va evaporando. Abrazarte más a él intentando alejarte de todo lo que te rodea, esperando permanecer un poco más en aquella dimensión de felicidad. Segundos después, de pronto, abrir los ojos con la necesidad de comprobar que todo aquello esté pasando de verdad. Sentir como el ritmo del corazón se ralentiza y tratar de mantenerte un poco más en ese estado de limbo. Volver a cerrar los ojos suspirando al pensar que aquello no podrá durar eternamente, sabiendo que pronto tendrás que volver a tocar el suelo.

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