Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

sábado, 6 de octubre de 2012

Quizá... aunque ¿sabes? me da igual


¿Qué pasa cuando pierdes a la persona que te hace seguir respirando? Cuando estás enamorado nunca piensas en la posibilidad de perder a ese alguien que comienza a formar parte de todo lo que conoces. De pronto, el mundo cambia su rumbo y comienza a girar de otra forma. Nunca sabes lo que puede pasar, pero aquello deja de importarte. Simplemente dejas de fijarte en las cosas que antes podrían hacerte caer. Quizá ahí esté lo malo. Dejas de pensar en la posibilidad de perder lo que tienes, tan sólo una idea de ahogarte con la ausencia te saca todo el aire de los pulmones… y es que cuando amas a alguien cualquier mínima idea de perderle te resulta insoportable, cada pensamiento relacionado con su partida replantea tus motivos de seguir adelante porque desde el mismo principio sabes que sin esa persona las ganas de seguir viviendo en funden con el silencio.

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