Si insistes y sigues
preguntándome quizá te cuente las cicatrices que cruzan mi alma, si me abrazas
lo suficiente quizá termine por soltar al aire aquella sensación que me oprime
por dentro, si me sonríes como a nadie más quizá pueda volver a confiar en el
nuevo amanecer, si me coges de la mano quizá pierda el miedo a la oscuridad, si
susurras mi nombre quizá decida levantarme y seguir adelante, si confías en mí
quizá pueda volver a respirar, si sigues adelante quizá pueda pensar en volver
a soñar, si me miras con ternura quizá pueda olvidarme de las pesadillas que
dejo atrás, si me sigues quizá pueda volver a avanzar, si me amas quizá pueda
suspirar dejando atrás aquello que me impide volar.
Páginas
Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

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