Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

domingo, 7 de octubre de 2012

La fuerza en el huracán


Me pregunto cómo sería conocer a alguien que sea más fuerte que tú. Quizá allí esté tu salvación. Supongo que nunca lo sabré hasta que pase. Dicen que nunca comprendemos qué siente una persona hasta que no pasemos por lo mismo. Puede que esté equivocada, pero me encantaría encontrar a una persona que se haya estado ahogando con lo mismo que yo. Quiero conocer a alguien que comprenda cada coma de mi discurso. Quizá sea una locura, pero por momento me parece que esto es lo que necesito. Cuando te dicen que eres fuerte intentas ignorar ese hecho, das por sentado que es sólo otra frase de las que se dicen cuando no te salen otras palabras, cuando la gente no sabe exactamente qué debe decir para hacerte sentir mejor. Dan igual las veces que te lo repitan, cuando estás mal parece que nunca vas a salir de ello, quizá por eso siempre niegas aquella afirmación. Porque cuando la escuchas sientes como el dolor invisible te hace doblarte por dentro y entonces una pregunta surge de las tinieblas: ¿cómo puedo ser fuerte si esto me está matando por dentro?
Por alguna extraña razón, logras mantenerte en pie y las cosas cambian, tu alma se llena de nuevas cicatrices que todavía escuecen recordándote el sufrimiento. Comienzas a caminar hacia delante sorprendiéndote por seguir respirando. Cuando las heridas se cierran del todo recuerdas aquella frase que te dijeron en tu peor momento y admites que decían la verdad. Has logrado sobrevivir al huracán de hechos que intentaban hacerte caer.
Aceptas que tenían razón y que has sido capaz de seguir adelante, aunque todo esto deja de importar cuando el viento deja de soplar a tu favor, cuando aparece algo nuevo capaz de quitarte el aliento. Entonces te olvidas de tu fuerza y escuchas de nuevo: “eres fuerte” sin creértelo. Cuando todo acaba comprendes que por muy fuerte que seas, en el centro de la tormenta siempre serás alguien incapaz de valorar tu propia fuerza.
Quizá por eso quieres encontrar a una persona que coleccione un número mayor de cicatrices en su alma, quieres ver que es posible sobrevivir a más cosas de las que te hayan pasado porque puede que esto sirva para demostrarte que puedes aguantar lo que te echen, porque quieres estar seguro de que esa persona haya experimentado lo que sientes, porque esperas que haya alguien, en algún rincón del mundo, que comparta las mismas cicatrices, alguien que también olvida por momentos que, a pesar de todo, el sigue siendo fuerte. 

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