Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

lunes, 18 de junio de 2012

Instantes con descripción imposible


Intento explicar cómo me siento cuando estoy con él, pero no me salen las palabras. Me pregunto por qué no puedo encontrar una descripción perfecta para esos instantes. Aunque supongo que la perfección es un término imposible de transmitir con simples adjetivos.
¿Sabes lo que es sentir que puedes tocar el cielo con los dedos, rozar las nubes y elevarte por encima de los edificios? Es una sensación demasiado extraña como para describirla con meras palabras.

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