Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

sábado, 2 de junio de 2012

El veneno mental


La sensación de angustia aprieta contra el pecho. El aire sale disparado pausadamente y parece que en cualquier momento perderás el control. El corazón late con fuerza bombeando sangre hasta cada rincón de tu cuerpo. Sientes como la desesperación te rodea con sus brazos y comienzas a buscar un modo de escape.
Hiperventilas, te preocupas de lo que puede pasar mientras un montón de pensamientos autodestructivos forman una colmena en tu cabeza. Quieres desprenderte de la sensación de impotencia que poco a poco precipita en tu pecho.

Lo piensas, sientes el agobio que cual humo arrollador te oculta de la vista de los demás. Cada pensamiento lanzado al futuro es como una esperanza caducada. Aun angustiado miras atrás y ves que el miedo te impide frenar. Tu respiración se acelera, pierdes el sentido de la orientación.
Buscas desesperadamente una solución sabiendo que está enterrada bajo una urna de hipótesis sin quemar. Tienes que apartar de ti esos pensamientos que pueblan el temor en tu corazón. Sabes que sin ellos la esperanza recobraría su pureza habitual y podrías seguir.
Te centras en escuchar tu respiración, haces caso omiso a los planteamientos envenenados por el miedo, sientes como comienzas a recobrar la fuerza. El corazón late más despacio, filtrando todas las mentiras susurradas por la suposición. Te tranquilizas cuando consigues ver que detrás del miedo se dibuja un camino que hace poco recorriste. Visualizas todos los obstáculos que superaste, recuerdas la sensación de desesperación… Te recobras por completo al pensar que se trata de tu último esfuerzo actual. Y cuando los hirientes pensamientos dejan de provocarte con su murmullo, percibes una nueva voz lanzada de la oscuridad. Una melódica señal asegurándote que tú tienes la capacidad para conseguirlo.

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