Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

jueves, 21 de junio de 2012

Justicia dolorosa


Todavía no puedes explicarlo porque sabes que es algo que se ha de sentir, de otra forma no tendría sentido. El cambio es demasiado notorio como para pasarlo por alto. Recuerdas como hace tiempo el dolor se adueñó de cada célula de tu cuerpo, como separó en montones de fragmentos tu corazón… Entonces este se congeló, parecía que el sufrimiento no iba a cesar nunca porque cada vez una cicatriz cualquiera te recordaba lo despedazado que estaba. El tiempo pasó y ahora sientes que toda va increíblemente bien. Las heridas se curaron fortaleciendo tu corazón y el hielo que ocultaba tu corazón se derritió. Parece que los sentimientos que te hicieron revivir se multiplican porque, en algunos instantes, sientes que la felicidad se encargó de crear algo único, una esperanza de un mundo justo y eso te hace recordar porque estás aquí.

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