Todavía no puedes explicarlo
porque sabes que es algo que se ha de sentir, de otra forma no tendría sentido.
El cambio es demasiado notorio como para pasarlo por alto. Recuerdas como hace
tiempo el dolor se adueñó de cada célula de tu cuerpo, como separó en montones
de fragmentos tu corazón… Entonces este se congeló, parecía que el sufrimiento
no iba a cesar nunca porque cada vez una cicatriz cualquiera te recordaba lo
despedazado que estaba. El tiempo pasó y ahora sientes que toda va
increíblemente bien. Las heridas se curaron fortaleciendo tu corazón y el hielo
que ocultaba tu corazón se derritió. Parece que los sentimientos que te
hicieron revivir se multiplican porque, en algunos instantes, sientes que la
felicidad se encargó de crear algo único, una esperanza de un mundo justo y eso
te hace recordar porque estás aquí.
Páginas
Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.
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