Nunca pensé que se podía intentar
evitar algo con tanta fuerza. He empezado a odiar esa sensación que me persigue
cada noche. Me recuerda a un remolino que logra arrastrar todo a su paso,
incluyéndome a mí. No puedes huir, tan solo puedes confiar en que, por una
noche, las sombras que forman el miedo se alejen de ti. En el mundo de los
sueños nadie puede ayudarte, te quedas a solas con tus temores.
De nada sirve despertarte a las
tantas y comprender que todo fue una grotesca fantasía. En esos instantes te sientes
aislado del resto. Esa es la sensación que odias, a pesar de todo, necesitas
que alguien te diga que todo formó parte de un sueño, te hace falta una
afirmación ajena para lograr correr un velo tras la pesadilla que logró hacerte
replantear tu respiración.

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