Sabes que la culpa reside en el miedo, que todo lo que te pasa no es más que
el fruto de una suposición. ¿Qué pasa con todo el aire que aspiras? Parece que
el ambiente carezca de oxígeno. No puedes, te ahogas. El corazón se vuelve loco
intentando recuperar tu estado normal, pero la cabeza tomó el control. Es
imposible. La sensación de angustia te aprieta el pecho. ¿Por qué ahora? Tienes
miedo de tu próximo movimiento en falso. Los ojos se humedecen con las lágrimas
aún no derramadas de la desesperación. El alma se esconde de las sensaciones
venideras mientras lanza un grito de dolor, una voz que no es escuchada por
nadie. Las esperanzas mueren despacio tirándose por el barranco del descontrol
emocional… ¿Por qué así?
Páginas
Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

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