Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

lunes, 18 de junio de 2012

Superación personal


En algún momento el alma se tira a los pies. Algo no va bien. Después del impulso final, el cuerpo sigue su trayectoria debido a la inercia. No, es imposible parar ahora, no mientras pueda ver la meta tan cerca. De repente algo rompe el silencio, una voz salida del alma que se acurrucó en el fondo de nuestro pecho nos pide un descanso. Quiere coger aire para poder seguir. Tan solo pide una pausa instantánea. Sabes que no es posible. Sientes que las fuerzas que te llevan hacia delante pueden acabarse en cualquier instante y por ello sigues, sigues aunque esa débil voz se vuelva más insistente con cada paso que das. Hay algo que te impide hacerle caso, todos tus sentidos se concentran en la meta, sabes que pronto se va acabar y le prometes que entonces podrá descansar. Luchas para poder mantenerte sereno sin rendirte ante la necesitada melodía que te pide parar. Estás seguro de que ahora todo va como tiene que ser, sabes que te queda poco para acabar ese camino y no tienes ni la menor intención en sentarte a descansar.
Tu nula reacción frente al rogo del alma provoca una furia que se transmite con aquella voz. Cada sonido se vuelve peligroso. Entiendes su súplica, pero no puedes hacer nada. Sabes que debes seguir.
Momentos más tarde esa voz te habla del miedo, te recuerda todas las dificultades que superaste mientras te muestra las cicatrices que te dejó el camino. Comienzas a pensar en el pasado, en las cosas que perdiste… y algo te pasa, sabes de qué se trata e intentas impedirlo. Los lazos con el pasado intentan transportarte atrás. Entonces decides fijarte en tu meta, dejar de lado el pasado y seguir el instinto de tu corazón.
En contraataque del alma consiste en hacerte pensar en las cosas que ya tienes, parece que quiera convencerte de la inutilidad de tu sueño. Piensas en las cosas que tienes y entonces le aseguras que todo eso lo conseguirte gracias a haber seguido tu camino. Tus pasos se hacen más firmes, sabes que no dejarás de avanzar. No, han sido demasiados instantes de dudas, demasiadas sonrisas ilusionadas que te ayudaron a seguir, demasiados suspiros lanzados al aire con el fin de hacer desaparecer parte de tu carga, demasiadas dificultades que superaste con los gemidos de dolor y suplicas de clemencia, demasiadas cicatrices cubren tu piel, y muchas más, son las que decoran tu corazón, demasiadas lágrimas cayeron de tus lágrimas expresando tu desesperación en algunos instantes, demasiado…. Sin embargo, sabes que todas y cada una de las lágrimas caídas por tus mejillas valieron la pena, las dificultades te hicieron más fuerte. Echando la vista atrás puedes demostrar que cada cosa se enlaza, todo tiene un origen, un sentido que solo puedes ves alejándote del suceso.
No, ahora sabes que nada te hará parar. El miedo sigue allí, pero el impulso de tu último esfuerzo te ayuda a dejarlo atrás. Por un tiempo has decidido dejar de mirar al pasado sabiendo que hay algo nuevo que te espera. Parece que una nueva estrella brillará sobre el horizonte cuando alcances tu meta. Estás seguro de que, aunque nadie lo entienda cómo tú, este es el verdadero sentido de tu vida. Tu mayor sueño, tu ilusión más grande, eso que tanto anhelas. Estás luchando para devolver la felicidad a algunos y eso te saca una sonrisa.
Después de sincerarte contigo mismo, la voz del alma comprende que pronto el miedo desaparecerá y ella recobrará su serenidad. Entonces suspiras tranquilo mientras piensas que desde siempre el mayor obstáculo de cada uno es él mismo. Y una pequeña sonrisa asoma por tus labios. Acabas de superarte a ti mismo.

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