Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

jueves, 5 de abril de 2012

Dictado de latidos

¿Qué hacer cuando te faltan palabras para poder expresar lo que sientes? ¿Cuándo quieres demostrar tus sentimientos y te das cuenta de que no existen palabras adecuadas para ello?... Odio esa impotencia de no ser capaz de articular todo lo que hace latir tu corazón cuando le tienes al lado. Cuando sientes que el tiempo se detiene cuando le miras a los ojos, cuando no puedes dejar de sonreír, cuando el roce con su piel te hace estremecer, ¿qué hacer para expresarlo con palabras? ¿Cómo puedo decir lo feliz que me hace si todavía no se han inventado palabras para ello?
Me doy cuenta de que es en vano intentar clasificar lo que siento, darle una definición clara y describirlo con todo detalle. Es simplemente imposible… tan solo dejaré que hable mi corazón, que cada latido hable de lo mucho que le quiero, que me recuerde todo lo que pase a su lado y que sea capaz de crear un mundo aparte, un sitio donde podamos existir solos, sin interferencias, sin problemas, sin tiempo. Tan solo él y yo y ese instante pausado que nos ayude a buscar una definición perfecta para describirlo.


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