Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

viernes, 13 de abril de 2012

Cuenta inusual

Empecé a contar el tiempo por los latidos de mi corazón. Resulta un modo inusual de definir los mejores momentos. Todo se hace más complicado cuando te quedas a solas, sin nada que te pueda ayudar a hacer esas cuentas, es entonces cuando notas el peso de la tarea. Todo se hace más arduo cuando los latidos se dejan de percibir con claridad, cuando son cada vez menos frecuentes, cuando parece que pierdes la cuenta. Aunque siempre habrá algo que te ayude a reanudar la tarea, alguien que te haga respirar de forma entrecortada mientras que tu corazón intente salirse del pecho, alguien cómo él.

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