Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

sábado, 14 de abril de 2012

Pensamiento sin difuminar

Un breve segundo puede cambiarlo todo. De repente ya no es la tierra la que te sostiene, sino su mirada. Dejas de pensar y te das cuenta de que su presencia controla el latido de tu corazón, pero hay algo más, una cosa en la que antes no te habías fijado, sientes que una sola caricia suya puede llegar a controlar tu respiración. Los pensamientos parecen difuminarse, aunque hay un sentimiento que nunca cambia, que te susurra que le quieres, ese que indica que estás enamorada.

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