Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

miércoles, 4 de abril de 2012

Palabras condicionadas

-Todas las despedidas son iguales...
-No lo son.
-Pero ¿qué más da quien te dice “adiós”? la palabra sigue siendo la misma
-Puede que sea la misma palabra, pero su efecto en nosotros es diferente. Algunos “adiós” o incluso los “hasta pronto” logran ralentizar el tiempo, algunas incluso pueden arrancar una parte de nosotros…
-¿Por eso dejas de sonreír por un tiempo cuándo te despides de él?
-Supongo que sí, no lo sé… tan solo siento que una parte de mí se marcha con él.
-No lo entiendo, ¿cómo puede pasar?
-Tan solo sé que necesito estar a su lado para sentirme completa.


No hay comentarios:

Publicar un comentario