Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

jueves, 5 de abril de 2012

Pausa con duración indeterminada

Hagamos de cada momento una eternidad, de cada palabra una declaración, de cada sonrisa un motivo para vivir… dejemos de lado el pasado y no pensemos en el futuro. Disfrutemos de este instante pensando que nunca volverá a repetirse. Respiremos, pero no solo para vivir, sino para saber que algunos momentos son capaces de dejarnos sin aliento.

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